lunes, 1 de marzo de 2010

Protesta en Miami por el asesinato de Orlando Zapata Tamayo

Yo no podía faltar a la cita. Esta tarde de domingo nos encontramos en "La Pequeña Habana", calle 8 y la 13 Avenida del South West de Miami, una multitud de cubanos que movidos por el deseo de expresar nuestra protesta por la muerte en huelga de hambre del preso político  cubano Orlando Zapata Tamayo estuvimos allí, abonando la última semilla plantada para la cosecha de la libertad de Cuba.
Mediante la magia de los celulares, escuchamos la voz de Reina Luisa Tamayo, la madre de Orlando quien conoció de la protesta y su voz , cual clarinada nos instó a seguir adelante. Fueron muchas las emociones, desde ver muchos cubanos y cubanas , ya de avanzada edad y en sillas de ruedas con la bandera de la patria. Han pasado tantos años y el amor por Cuba es más fuerte que el tiempo y la desesperanza. Allí vimos jóvenes que por haber nacido en suelo extraño, retoman el sentir de sus ancestros.

Tomamos algún testimonio gráfico, se los muestro.
  Haz click aquí para ver más fotos.
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domingo, 28 de febrero de 2010

La descalificación del régimen de Cuba


-Víctor E. Sánchez, periodista independiente, Aplopress, región oriental de Cuba.

SANTIAGO DE CUBA – 27 de febrero, 2010 –  Los acontecimientos acaecidos en Matanzas, durante el sepelio de la legendaria opositora, Gloria Amaya y ahora con el asesinato premeditado y alevoso de Orlando Zapata Tamayo, ha comenzado a formarse una nueva conciencia del pueblo cubano, en torno a su realidad política.
La descalificación del régimen cubano debe ser la tarea de orden. Ya comenzó con los calificativos proferidos en los acontecimientos antes mencionados. Sin embargo,  debe ser reforzada con aquellos que permanecen en el subconsciente de nuestra población como “esbirros”, “torturadores”, etc. Estos vocablos, aunque parezcan olvidados, forman parte de nuestra  historia política y rememoran acontecimientos, que hasta de forma inconsciente la población rechaza y los relaciona con la dictadura de Fulgencio Batista.
En la tarde de ayer conversaba con Mariano González, una persona que vivió intensamente aquella época de violencia política en Santiago de Cuba y me decía:, “lo primero que hay que lograr es que la ciudadanía interiorice la brutalidad del régimen y que por todo acto de abuso contra la población se culpe al gobierno”. Me dice Mariano, que en aquella época, toda arbitrariedad se relacionaba con la dictadura y se culpaba a Batista. Si un guardia le hacía algo a un ciudadano, no importa lo que fuese, empezaban a gritarle “esbirro”, “asesino”. Esta palabra es muy convocante y debe ser utilizada constantemente por la oposición en cualquier circunstancia de exceso que se produzca por parte de la policía regular o política.
Algo que me llamó poderosamente la atención en el velorio de Orlando Zapata Tamayo. fue el comportamiento de su señora madre, Reina Luisa, que en todo momento culpó a los hermanos Castro del asesinato de su hijo.  En la generalidad de los casos, los familiares culpan a la oposición de arrastrar a su familiar a la circunstancia en que se encuentra. Incluso, los servicios de inteligencia han escogido la palabra “manipulación” para calificar el comportamiento o actitud de los que los adversan, y así restarles personalidad y razón a los luchadores políticos.
Una idea que me parece muy acertada es la identificación de nuestra lucha con el asesinato de Orlando Zapata Tamayo. Ayer varios líderes de la oposición en Santiago de Cuba decían que hay que demostrar que Zapata Tamayo vive, que hay que colocar su foto en todos los rincones del país, que las autoridades huyan de él como si fuera un fantasma. Y que la población común y corriente se identifique con los crímenes de la dictadura actual.
La descalificación de no tumba el gobierno, pero si justifica todo lo que se haga contra él. Los ciudadanos se muestran más solidarios y comprometidos con la causa cuando el gobierno pierde su justificación moral. Cuenta Mariano, que aquí en Santiago, a pesar del riesgo que corrían, las personas -principalmente las mujeres- metían en sus casas a los miembros de los grupos de acción y sabotaje, cuando huían de la policía de Batista.
Según recuerda este anciano de 81 años, la prensa jugaba un gran papel en la descalificación del gobierno, y nos dice: “cuando los comandos de los grupos subversivos ejecutaban a un policía, se reportaba como un ajusticiamiento, cuando la policía mataba a uno de ellos, entonces era un asesinato”.
Los regímenes totalitarios tratan de utilizar la descalificación en sentido contrario, descalificando a sus opositores. Ellos están conscientes de la efectividad de la descalificación en la conciencia social, por eso hay que implementar la descalificación del régimen como estrategia de lucha

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miércoles, 24 de febrero de 2010

Señalando a todos los culpables de la muerte de Orlando Zapata Tamayo

Las Declaraciones de Osvaldo Payá, Duras y Necesarias, Señalando a Todos los Culpables, Como Hemos Hecho en Este Blog

En un comunicado, el líder opositor Oswaldo Payá dijo que Zapata sufrió "muchos ultrajes, desprecios racistas, golpizas y abusos".
"Zapata fue asesinado, lentamente, durante muchos días y muchos meses en todas las prisiones en las que le confinaron", afirmó. "No era un terrorista, ni conspirador, ni usó la violencia".
"Con su huelga de hambre (…) reclamaba un trato mas digno y más humano para el y para todos los prisioneros. La respuesta del gobierno de Cuba, como siempre, fue la arrogancia y el desprecio, esa arrogancia fatal que también es criminal", dijo Payá.
El líder del Movimiento Cristiano Liberación denunció al gobierno "por ser responsable del encarcelamiento injusto y arbitrario y muchos abusos y ultrajes contra Zapata"; a los "verdugos carceleros y a los agentes de todos los cuerpos represivos que ejecutaron con sadismo esta acción lenta pero igualmente criminal"; a los "tribunales que tuvieron la inmoralidad de condenarle y nunca la decencia de defenderle como ser humano mientras sufría, como muchos prisioneros un verdadero régimen de tortura psicológica y física".
Asimismo, a "todos los que son protagonistas en los medios de prensa oficiales y oficiosos y sus secuaces en el mundo de la cultura, que con sus repugnantes mentiras y silenciamientos justifican, alientan y hacen posible estos crímenes y el crimen mayor que sufre todo el pueblo cubano"; "a todos esos gobiernos y estados que en este continente y en el mundo junto a muchas instituciones y personajes, prefieren la relación armoniosa con la mentira y la opresión a la solidaridad abierta con el pueblo cubano. Todos son cómplices de lo que ocurre y de lo que ocurra".
"Denunciamos a todos aquellos que dentro y fuera de Cuba por cobardía, egoísmos y otras miserias, no tienen el pudor de apoyar a los que luchan, sufren y mueren por defender los derechos y la dignidad de todos. Todos esos también mataron a Zapata", dijo Payá.

Tomado del Blog Las Fábulas del Tiranicida
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No te olvidaremos Orlando Zapata Tamayo.

Qué difícil se hace decir algo cuando la rabia te hace un nudo amargo en la garganta!
Qué podría decir yo que estuviera a la altura de Orlando Zapata Tamayo?
Hombre sencillo, albañil de profesión, de la clase obrera. Además de criminales, mentirosos consumados  son los Castros! Es que acaso no fue en nombre de la clase obrera que asaltaron el poder hace cincuenta y un años?
Orlando Zapata Tamayo les quedó grande, inmenso!
  Es que Fidel Castro hubiera sido capaz de haber llevado esta huelga de hambre como lo hizo Orlando cuando estuvo preso en Isla de Pinos? El fue y es demasiado “vivebien” y “muerto de hambre” para haber inmolado su vida de esta manera. Vivía demasiado bien en su prisión de año y medio después de haber mandado a asesinar a los soldados del Moncada.
Orlando Zapata Tamayo, tu pedías respeto, un trato digno… tus verdugos nunca supieron de qué hablabas porque su arrogancia les ciega.
Descubrí hoy Orlando que cuando Perucho Figueredo nos decía en nuestro himno que “En cadenas vivir es vivir en afrenta y oprobios sumidos…” estaba pensando en tí.
Gracias Orlando Zapata Tamayo por dar tu vida por nosotros.
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lunes, 22 de febrero de 2010

El cadáver sigue muriendo*

Cada día espero noticias de la isla. En cada una de ellas que recibo se esconde la esperanza de lo mejor que pudiera ocurrirle a los cubanos,  el colapso total del nazi-castrismo que sufrimos.Una nueva ansiedad se incorpora. Qué estará pasando con Orlando Zapata Tamayo? Como en conteo regresivo la vida se le escapa y la tiranía con su inmoral mutismo esconde su repulsivo rostro.
Por boca de Reina Luisa Tamayo, la madre, tenemos  retazos de noticias conciernentes a su estado de salud. Un cuartucho del Combinado del Este, sirve de sala intensiva a Orlando. Los médicos le dicen que Orlando le escucha sus palabras aunque no parezca que lo haga. Pero acaso los Castros cederán a la demanda de Orlando para que este abandone la trinchera de su cuerpo? Orlando Zapata Tamayo es el esclavo que renunció a seguir siendo esclavo. El reclama el respeto a sus derechos.  Los asesinos desconocen su lenguaje. Se escapa la vida del esclavo hacia la libertad.

* haciendo alusión a un poema de César Vallejo, poeta peruano.
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domingo, 21 de febrero de 2010

Comunismo y nazismo

-by Felipe Giménez Pérez 

Sobre el libro de Alain de Benoist, Comunismo y nazismo, 25 reflexiones sobre el totalitarismo en el siglo XX (1917-1989), Ediciones Áltera, Barcelona 2005
Es este fundamentalmente un libro breve y conciso dedicado a la reflexión histórico-político-filosófica sobre el comunismo y el nazismo.
Resulta que hoy en día si un individuo proclama su adscripción ideológica al nazismo está condenado, maldito, proscrito.
El nazismo liquidó a 25 millones de hombres. Lógicamente es una doctrina criminal. Pero si un individuo presume de ser comunista, no pasa nada, es admirado, aplaudido, respetado.
Sin embargo, el comunismo liquidó a 100 millones de hombres. Lógicamente debiera ser considerado el comunismo como una doctrina más criminal aún si cabe que el nazismo y sin embargo no ocurre así.
Sin embargo, «la conclusión de un cierto número de observadores es que «el balance del comunismo constituye el caso de carnicería política más colosal de la historia» (pág. 15).
El comunismo ha matado en perfecta coherencia con sus doctrinas.
El terror de masas, el crimen masivo se ha convertido en un verdadero sistema de gobierno para el comunismo. Podemos decir con Alain de Benoist, «que el sistema comunista no ha sido sólo un sistema que ha cometido crímenes, sino un sistema cuya esencia misma era criminal.» (pág. 16)
Hay muchos que aún se resisten a admitir la naturaleza criminógena del comunismo y que se niegan a admitir la comparación entre el comunismo y el nazismo.
El comunismo se revistió de un aura ilustrada, democrática, racionalista, progresista y el nazismo fue condenado como irracionalista, imperialista, racista, antisemita, &c.
«La idea de que se pueda comparar a los regímenes comunista y nazi ha sido siempre rechazada con indignación por los comunistas» (pág. 19).
 Y sin embargo, tal comparación ha de ser realizada. Es necesario aunque sólo sea por interés científico.
Ernst Nolte ha sostenido que el nazismo es una reacción frente al comunismo.
Nolte ha hablado de «un nexo causal» (kausaler Nexos) entre el comunismo y el nazismo. En efecto, el nazismo aparece, en muchos aspectos como una reacción simétrica al comunismo.» (pág. 20)
Nunca hay que olvidar que el terror bolchevique ha surgido históricamente antes que el terror nazi.
Los nazis han tomado sus técnicas de exterminio de los bolcheviques.
Las formas y métodos son importados de los bolcheviques por parte de los nazis. El nazismo es una reacción frente al bolchevismo. «El nazismo puede pues, definirse como un anticomunismo que ha tomado de su adversario las formas y los métodos, empezando por los métodos del terror» (pág. 21).
Comparar comunismo y nazismo no quiere decir asimilar o igualar ambos. Se trata de poner juntos los dos para pensarlos juntos y establecer unas cuantas relaciones entre ambos términos. Ni el nazismo disculpa los crímenes del comunismo ni los crímenes del comunismo disculpan al nazismo.
Por empezar podríamos repetir el tópico del principio que caracteriza al clima político políticamente correcto o progresista:
 «El comunismo ha destruido más vidas humanas aún que el nazismo, y sin embargo continua prevaleciendo la opinión de que el nazismo ha sido, de cualquier forma, algo mucho peor que el comunismo» (pág. 25)
El argumento utilizado apela a las buenas intenciones. El comunismo habría obrado por amor a la humanidad y el nazismo por odio, por racismo. El nazismo sería criminal por vocación y el comunismo criminal por error. A fin de cuentas, los crímenes comunistas eran progresistas.
«Tenemos derecho a preguntarnos –escribe Stéphane Courtois– por qué el hecho de matar en nombre de la esperanza en 'alegres amaneceres' es más excusable que el asesinato vinculado a una doctrina racista.» (pág. 31)
La enorme lucidez de Alain de Benoist nos lleva a demoler las creencias progresistas que eventualmente quedaran en la imaginación. «Inmediatamente se plantea la cuestión de saber si debe juzgarse a los regímenes políticos por sus intenciones o por sus actos.» (pág. 32)
Está claro que desde una perspectiva materialista es menester juzgar por los actos.
La praxis es el criterio a decir de Marx. «No lo saben pero lo hacen». Una ideología es el conjunto de los actos de sus partidarios. La ideología comunista es el conjunto de los actos de los comunistas.
El Estado comunista es el conjunto de las políticas públicas desarrolladas por tal Estado, lo mismo del nazismo o del Estado Alemán nazi.
Como afirma lúcidamente Alain de Benoist, «ser víctima de una idea hermosa, ulteriormente desviada, no hace que uno deje de ser víctima.» (pág. 33)
No hay más comunismo que el comunismo realmente existente, igual que no hay más nazismo que el realmente existente.
Hay que evitar en todo momento el idealismo platónico que contrapone la Idea verdadera al mundo empírico falso y engañoso y aparente. «No basta con decir que el comunismo es una buena idea que ha terminado mal.
Hay que explicar además cómo ha podido terminar mal; es decir, hay que preguntarse cómo una buena idea, lejos de inmunizar contra el horror, no le impide realizarse menos que una mala idea.» (pág. 35)
Es ésta una verdadera cuestión filosófica y sin embargo, las respuestas que históricamente se han dado no tienen nada de filosóficas y sí de empíricas, las circunstancias históricas.
En el caso del terror soviético hay que decir que fue brutal desde un principio. El terror rojo es parte indispensable del comunismo.
El terror rojo es esencialmente comunista. Forma parte de su naturaleza. Si se afirma que es algo debido a las circunstancias, igualmente se podría afirmar que el terror nazi no tiene nada específicamente nazi en sí mismo.
El terror rojo apareció desde el primer momento, desde 1917. Los progresistas y los comunistas o filocomunistas o compañeros de viaje del PC siempre han tratado de legitimar los crímenes comunistas como menos condenables que los crímenes nazis.
 «Pregunta Jacques Julliard: «¿Por qué los criminales que dicen estar del lado del bien son menos condenables que los criminales que dicen estar del lado del mal?» (pág. 39)
En el fondo el genocidio de raza y el genocidio de clase son dos subcategorías del «crimen contra la humanidad».
 «El punto de partida, en todo caso, es el mismo.» (pág. 41) «La utopía de la sociedad sin clases y la utopía de la raza pura exigen por igual la eliminación de los individuos sospechosos de obstaculizar la realización de un proyecto «grandioso»; a saber, el advenimiento de una sociedad radicalmente mejor.» (pág. 41)
El Bien Absoluto exige un Mal Absoluto y a ese Mal hay que exterminarlo. Hay que borrarlo de la faz de la Tierra. Ambas ideologías se saben legitimadas para realizar el exterminio del enemigo absoluto.
Por lo demás, «La virtud de los hombres no hace virtuosas a las doctrinas que defienden. Pascal se equivoca cuando dice que sólo hay que creer los testimonios de quienes son capaces de dejarse matar por ellos: eso atestigua la fuerza de sus convicciones, pero no su justeza.» (pág. 49) Como decía Nietzsche, la sangre de los mártires no demuestra nada.
Los comunistas o los filocomunistas o sus compañeros de viaje, los progresistas sostienen que atacar al comunismo hace el juego a la derecha. Siempre se dice eso. Es un argumento de tipo estratégico. Esto es retomar la retórica de Stalin.
 «Seguimos así los pasos de Jean-Paul Sartre cuando pretendía que había que guardar silencio sobre los campos soviéticos «para no desesperar a Billancourt.» «Estas gentes -observa Courtois- todavía no han roto con esa cultura de comisario político que emponzoña el mundo editorial». (pág. 56)
Se nos quiere convencer del carácter único del nazismo, como algo esencialmente incomparable. Esto evita comprender el fenómeno del nazismo. «En efecto, un acontecimiento que no puede ser puesto en relación con otros acontecimientos se convierte en algo incomprensible.» (pág. 57)
Es imprescindible comparar el nazismo con el comunismo como sistemas totalitarios y criminales.
Lo peor es la diferencia de trato que han recibido comunismo y nazismo. «Mientras que el nazismo es considerado como el régimen más criminal del siglo, el comunismo, que ha causado la muerte de un número mucho más considerable de hombres, sigue siendo considerado como un sistema, desde luego impugnable, pero perfectamente defendible tanto en el plano político como en el intelectual o moral.» (pág. 65)
En España, pongo por ejemplo, el nazismo y su propaganda está castigado con la cárcel. La venta de un libro comunista no suscita ninguna crítica. Un antiguo nazi se convierte en un apestado política y socialmente, pero el haber sido comunista no acarrea ningún problema.
Se tiene derecho a equivocarse con el comunismo, pero no se tiene derecho a equivocarse con el nazismo. Compárese el caso Heidegger con el caso Sartre.
Además, los crímenes nazis no prescriben, pero los comunistas sí. Se olvida el comunismo, pero se recuerda constantemente el nazismo.
«En el pasado, a los antifascistas siempre se les creyó de inmediato, mientras que quienes denunciaban el comunismo eran considerados a menudo como fabuladores o espíritus partidistas.» (pág. 71) Pero la cosa no termina ahí. «Otro signo revelador: sólo cuando ha sido adoptado por antiguos comunistas decepcionados es cuando se ha empezado a considerar creíble el discurso anticomunista.
Sus pasados extravíos han sido considerados como una especie de garantía de su nueva lucidez, mientras que se sigue considerando sospechoso el hecho de haber sido lúcido desde un comienzo. Y, por lo demás, sólo se les consideró creíbles sobre la base del renombre adquirido en los tiempos de sus antiguos extravíos.» (pág. 72)
Este silencio respecto al comunismo deriva tal vez de la alianza entre la URSS y las potencias occidentales frente al nazismo. Esta alianza ha constituido el fundamento del orden internacional surgido a partir de 1945.
La victoria sobre la Alemania nazi legitimó aún más si cabe el régimen soviético. El antifascismo como invento ideológico ha servido para legitimar el comunismo y ha servido de paso para oscurecer el concepto de fascismo, cajón de sastre donde cabe todo aquello que produzca problemas al comunismo. Todavía hoy resulta problemático definir el fascismo.
Hay que decir que stricto sensu «fascismo»significa el régimen italiano de Mussolini (1922-1943). «Ahora bien, el fascismo italiano es el gran ausente del Libro negro.
Ocurre, en efecto, que en materia de violencia social y represión política, no es comparable con los regímenes totalitarios.» (pág. 90) El fascismo no tiene nada que ver con el nazismo.
Alain de Benoist recurre al término «totalitario» para definir el comunismo y el nazismo.
Esto tiene sus inconvenientes, porque es imposible la existencia de un Estado totalitario, como señaló Gustavo Bueno hace ya muchos años, sencillamente porque un Estado jamás puede controlarlo todo. Hay que reconocer pues la problematicidad del concepto de totalitarismo. Mejor sería llamarlos al comunismo y al nazismo como monocracias o ideocracias.
De todos modos, «el recuerdo de los sistemas totalitarios no puede hacer aceptar la sociedad actual en lo que tiene de más destructivo y deshumanizante. No se tiene el derecho de aceptar una suerte injusta, so pretexto de que se podría sufrir otra peor. Los sistemas políticos tienen que ser juzgados por lo que son, no mediante la comparación con otros, cuyos defectos atenuarían los suyos.» (pág. 157)
Además, «un régimen que destruye sistemáticamente vidas humanas a vasta escala no puede ser un buen régimen. Sin embargo, el balance de un régimen, incluso criminal, no se reduce a su dimensión de terror y de represión, como tampoco puede ser juzgado a la luz de los mártires que suscita.» (pág. 159)
Finalmente, hay que decir que el antifascismo hoy es una muestra de la ignava ratio política. «el antifascismo contemporáneo constituye, ante todo, una expresión de la pereza intelectual, pues siempre resulta más fácil identificar los males del pasado que darse cuenta de los del presente.» (pág. 169)
Recomiendo pues la lectura atenta de este libro para reflexionar sobre nazismo y comunismo. Esto ayuda a quitarse las anteojeras progresistas. El comunismo está en vías de extinción, pero el progresismo aún no. Estas 25 reflexiones son un atrevido y audaz ejercicio de reflexión política que se atreven a tocar los tabúes del progresismo y del filocomunismo.

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No a la Dictadura!

Las dictaduras totalitarias se caracterizan por dividir al  pueblo. Es implacable con aquellos que se resisten a ser sometidos. Aquí les muestro a los estudiantes venezolanos que a pesar de lo jóvenes de sus vidas, salen a las calles a protestar contra el tirano Chávez, el alumno aventajado del viejo tirano Fidel Castro,  que fenece después de haber llevado a cabo -con mucho éxito- la destrucción material y moral de Cuba.
Los estudiantes venezolanos le llevan el conteo de los strikes a Chávez y le advierten : "CHAVEZ, TAS PONCHAO". Los cubanos haremos mucho más que llevarle un conteo de strikes a Fidel Castro. Nuestra historia le pasará la cuenta.

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