jueves, 11 de febrero de 2010

Lo que vio Emma Zinsky en Cuba

Este artículo es Emma Zinsky,  nacida en Francia, viene de padres cubanos. Me impactó cuando lo escuché por primera vez en la radio de una emisora local. Digo que me impactó  por la claridad que tuvo  Emma en  el momento de  dirigir sus pasos a Cuba y de elegir la manera más acertada  para  hacer el análisis justo  de la realidad de un país del cual la separaran miles de kilómetros de distancia . 

-Lo que vi en Cuba-
 Como saben los lectores de este blog, viajé a Cuba hace poco, con el objetivo de realizar un reportaje sobre la disidencia y los artistas e intelectuales cubanos. Pese a que mi estancia duró más de quince días, y ha sido bastante larga y fructífera, apenas me he atrevido a escribir acerca de lo que he sido testigo en Cuba. Mis padres son cubanos, yo me siento cubana, aunque nacida en Francia soy profundamente cubana. Tengo 35 años y he viajado y he visto medio mundo, en parte gracias a mis padres, y de otra parte, gracias a mi profesión: periodista. Conozco América Latina y Centroamérica, he vivido la pobreza, nada me es ajeno.
Lo que vi en Cuba, recientemente, no tiene comparación con nada de lo que vi antes. Sólo he estado dos veces en el país de mis padres, y el mío en consecuencia, y por razones periodísticas. Empiezo por decir que no me interesa un país que no le proporcione a sus hijos el más mínimo sueño de libertad y de vida; aunque por el contrario, como periodista, me interesa investigar ese tipo de fenómeno, y Cuba no es algo usual, resulta más bien lo inusual.
Desde el primer momento, y como entré en el país sin el permiso de prensa, tuve que hacer malabares para contactar a las personas a las que quería entrevistar. El permiso de prensa lo rechacé desde el momento en que comprobé que sería perseguida en cada uno de mis movimientos. Entonces me alojé en casa de unos amigos, ya que aceptar que me albergaran mis familiares podría traerles problemas. Un periodista extranjero sabe que puede ser condenado a 20 años de prisión en caso de que lo sorprendan entrevistando a los disidentes o a personas que el régimen califique de traidores, así que preferí actuar sola, de manera independiente, y procurar que mis familiares no advirtieran nada de lo que iría hacer.
¿Qué hice? Nada y todo. La lasitud es un mal contagioso, intenté liberarme de los primeros síntomas. Me fue imposible entrevistar a los escritores y artistas cuyos nombres llevaba en mi agenda, algunos andaban viajando, los otros no me aportarían más que la versión oficialista del régimen. La gran mayoría de artistas y escritores cubanos dentro de la isla actúan como cotorras de la dictadura, repiten lo que la dictadura quiere que se sepa; lamentable.
Intenté introducirme en el mundo de los blogueros, pero en realidad ese mundo no existe más allá del piso 14 de Yoani Sánchez, imposible dar con  los blogueros independientes, que no sean subalternos a Generación Y; todo pasa por ella y lo que vi, una sucursal de la estructura gubernamental, no me animó para reiterar lo que ya tanto se ha dicho en entrevistas a la bloguera nacional, y lo que ella misma ha expresado en su blog. El movimiento contestatario bloguero no existe en Cuba, se limita a mostrar lo que vemos a diario en las calles: Una pobreza espantosa, una manipulación extrema, una desidia infinita. Aunque algunos intenten analizar la situación política, la brevísima distancia entre su propia situación  y la realidad, además de la falta de ejercicio de la democracia, no les permite ser enteramente objetivos, no generalizo, sin embargo, el intento al menos es favorable.
Los verdaderos resistentes son los opositores que llevan años en la lucha diaria por conseguir –no espacios de libertad- sino la libertad entera. Esa gente sí tiene mucho que decir, muchísimo, y junto con las Damas de Blanco, son los verdaderos protagonistas del enfrentamiento al régimen, un enfrentamiento tenaz y con causa, la libertad de sus familiares, la libertad de Cuba. Y los periodistas independientes, los escritores presos. Lo demás, fuera de eso, es un entretenimiento pernicioso para distraer de lo que realmente importa en Cuba: vivir de manera normal, como la gente aspira a vivir en otros países.
Comparar la revolución verde iraní, así como otros movimientos producidos a través de internet, con lo que sucede en Cuba es totalmente falso. Internet, twitter, y demás gadgets desgajados de la Tela han producido, sobre todo en el caso iraní, violencia, sangre, muertes; lo que no ha ocurrido ni en sueños en Cuba con los protagonistas del fenómeno “blogger”. Los blogueros en Cuba actúan en una especie de “cocoon” o cápsula y las advertencias –si las hubiera- no pasan de eso, advertencias. Ni hablar de los montajes innecesarios, y de la chivatería penetrante.
Por otro lado, si en La Habana se palpa la miseria, ¿qué les puedo contar del campo? Horrorosa. Sin embargo, estamos ante una miseria contaminada de ideología, o sea, la gente esconde la miseria, el orgullo les vence, no viven vendiendo las escenas de miseria; sin embargo, por el contrario, no sienten vergüenza de proponerle a los extranjeros un hijo o una hija que se prostituya para poder cenar caliente esa noche. Contradicciones del castrismo: En la escala de valores, vale más el buen ver de la moral castrista, que el cuerpo virgen de una hija o de un hijo.
Sí, soy dura, lo sé; pero no mucho más que la realidad que vi y viví, confieso un tremendo dolor, un enorme pesar, pero estoy dando un testimonio que, muy probablemente, quede muy por debajo de lo que mi mente y mis pupilas consiguieron atrapar. Los hospitales dan grima, las escuelas ganas de llorar. Los padres se matan por conseguir un uniforme nuevo, para que los niños tengan zapatos, el dinero llega desde el exilio, vestirse decentemente es una proeza, sobre todo del exiliado que manda el dinero. Desayunar, almorzar, cenar, sigue siendo la tragedia cotidiana. Las casas se caen a pedazos, desconchadas, apuntaladas, la gente duerme en colchones de hace 50 años, las sábanas ripiadas, zurcidas, vueltas a coser. Pero eso sí, la inmoralidad castrista está intacta, aún cuando la gente se queje, en cuanto notan que se les graba, algo bueno le encuentran a la revolución, por muy risible que sea.
La música cubana se ha rebajado aún más, de la timba –que ya era baja- al perreo, todo es perreo. No estoy hablando de Los Aldeanos que sólo se ven en youtube y hacia afuera, ¿qué cubano de a pie puede acceder a youtube? Ni saben de lo que se les habla. El rock sigue siendo un movimiento contestatario, solapeado, perseguido, aplastado, asesinado. El perreo es la moda, lo último.
Me hizo gracia esa polémica sobre los Van Van. Este grupo musical es la prehistoria de la música dentro de la isla, visto como una antigualla; decir que son los mejores músicos de Cuba y los que representan la música de ese país es mentir descaradamente. La juventud se muere por oír artistas extranjeros, principalmente norteamericanos, y por los artistas cubanos que sólo han escuchado en sueños: Willy Chirino sigue estando en el paladar, así como otros, que han ido pasando en el recuerdo, pero que en ellos continúan vibrando, porque los siguen anhelando. Mientras que a ellos les importa poco Los Van Van, ya están cansados de la politiquería de la orquesta, incluso alguno me dijo: “que se vayan a cantar su comunismo a Miami y que nos traigan a Bebo Valdés, a Paquito D’Rivera, a Albita”, resulta curioso cómo los exiliados recientes añoran una música que la gente en Cuba desprecia por repetitiva y machacona de lo mismo, de la papilla que el gobierno les obliga meterse día a día. La mayoría está al tanto del último disco de Lucrecia, y del éxito de Xiomara Laugart interpretando a Celia Cruz. Y se preguntan por qué no se ha producido con Olga Guillot, el mismo fenómeno de Compay Segundo y de la Omara Portuondo.
Hice entrevistas a gente sencilla, perseguida, tocadas en lo más hondo por el racismo y el clasismo de la sociedad cubana, antes y después de 1959, gracias a las preguntas de la autora de este blog, porque les tengo que confesar algo, yo no me sentía con ánimos de nada. La tristeza me invadió y me sentí absolutamente incapaz de terminar el viaje, aún cuando llegué al fin, extenuada, airada, echa mierda. Atrás quedaron mis primos, mi gente, un país moribundo, inerte, olvidado, y a la espera de que un milagro ocurra. Un país donde la mitad son héroes y la otra mitad pícaros, nadie en Cuba es perfectamente normal. Eso, que es lo que precisamente encanta a los extranjeros, a mí me produjo un rechazo insoportable, y un dolor agudo, que no se me quita del costado.
De los oficialistas que me tropecé no hubo uno solo que no me hablara mal del exilio, sin embargo, muchos de ellos viven gracias al exilio, de los viajes, y de ese capitalismo que tanto desprecian con los dientes apretados y un velo de envidia en las pupilas.
Los artistas –pintores y músicos en su mayoría- que regresan con dinero, se instalan en mansiones pagadas con dólares y compradas junto con el estado, y se olvidan de lo que existe a su alrededor; lo que vale es buscarse la vida, enriquecerse, y no tener que pagar impuestos fuera de Cuba, aún cuando el dinero que ganan lo ganan fuera. Pagan impuestos, y altísimos, al estado castrista, es el precio para conservar un cierto status, la casa, el automóvil, y el permiso de entrada y de salida, pícaros quoi!
Mi conclusión, no sé si sirva para algo, los únicos que merecen apoyo son la disidencia, las Damas de Blanco, y los presos. Lo demás se mueve en una especie de jineteo constante, en una secuencia interminable de pedigüeñería vergonzosa. El negocio con la policía da asco, incluso, cualquiera puede fabricarse un caso de opositor y negociar con la misma policía que lo detengan unas horas, para empezar a engrosar expediente de disidente, o sea, que hasta los verdaderos disidentes en la actualidad deben enfrentarse a los falsos, a los bichos, que pretenden ocupar sus puestos y salirnos por la pantalla de internet para, una vez fuera, los incautos los apreciemos como héroes, y que como inmortales creídos los coloquemos en el pedestal de la gloria, inmerecida, claro.
Sólo me resta un lamento: ¡Pobre Cuba! Lo que soy yo, no vuelvo nunca más.
Este texto ha sido coescrito con la autora del blog, a partir de mis notas de viaje. Ella me ha animado a reacomodar mis notas y les ha dado forma. No hubiera podido hacerlo sola, y mucho menos hubiera alcanzado a recortar de tal modo mis impresiones.
Gracias a los cubanos de buena voluntad y de fe. Allí dejé no sólo mi dinero y mis vestimentas, dejé parte de mi alma. Agradezco a mis padres que me hayan salvado del horror castrista, y que se hayan esforzado para que yo pudiera ser una profesional con toda la seriedad del término, pero sobre todo, una persona que aspira a la vida, y a la muerte, como cualquier ser humano, con dignidad.
Emma Zinsky.

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2 comentarios:

  1. Impactante, serio, objetivo, cierto...gracias por compartirlo...

    Saludos

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  2. Es un relato que todo el mundo que alaba la revolución cubana debería conocer.

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